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Lineas que conectan, lineas que dividen

por Laura Camila Casas Mateus

En el corazón del Paisaje Cultural Cafetero, se encuentra el área protegida de bosque subandino más extensa de la cordillera central en su vertiente occidental: la reserva Barbas Bremen. Fue creada en el 2006 bajo la figura de Parque Regional Natural (PRN), luego de un exitoso proceso de restauración liderado por el Instituto Humboldt, que permitió conectar las áreas naturales Barbas y Bremen -previamente aisladas-, a través del establecimiento de corredores biológicos. Como resultado, se favoreció la conservación de la gran biodiversidad que alberga la reserva y, en particular, de especies que se encuentran bajo un grado importante de amenaza, como la pava caucana.

No obstante lo anterior, esta área protegida ha sufrido un proceso reciente de fragmentación por cuenta de un megaproyecto impulsado por la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), el cual se pudo concretar gracias a que, en 2011, Barbas Bremen pasó de ser Parque Regional Natural a Distrito de Conservación de Suelos, una figura de conservación menos estricta. Este cambio de categoría jurídica, permitió el montaje de una red de transmisión eléctrica de alta tensión (230 kV) que comprende 83 torres, 16 de ellas ubicadas dentro la reserva. 

La instalación de estas torres ha implicado la eliminación de una vasta extensión de vegetación natural, y ha alterado de forma significativa la estructura y la estética característica del paisaje, a pesar de haber sido declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. A los impactos ambientales antes mencionados, se deben sumar las afectaciones que se pueden generar a la avifauna, teniendo en cuenta que Barbas Bremen es también un Área de Interés para la Conservación de Aves (AICA).

Si bien la EEB argumenta que las líneas de transmisión eléctrica se necesitan para fortalecer el suministro de energía y mitigar los riesgos de desabastecimiento, los opositores al proyecto, entre quienes se encuentran las comunidades locales, han identificado que el consumo energético de la región es bajo y la infraestructura existente es suficiente. Por ello, cuestionan los reales intereses detrás del proyecto, critican la ausencia de un Diagnóstico Ambiental de Alternativas, y se han organizado para defender la reserva y apoyar a las decenas de familias campesinas que ya se han visto perjudicadas por estas líneas de energía, que en vez conectar, han dividido.

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