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San Cipriano: el sentir y vivir colectivo de la conservación

por Ginna Paola Peña Nieto

La zona de reserva forestal protectora de los Ríos Escalerete y San Cipriano, que se encuentra ubicada en el corregimiento de San Cipriano, en el municipio de Buenaventura, departamento del Valle del Cauca, presenta un claro abordaje de lo que es sentir y vivir en colectividad. Ello tiene que ver con que los habitantes de San Cipriano son descendientes de comunidades negras que han venido ocupando históricamente las tierras de las zonas ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico, para quienes lo colectivo es algo fundamental. 

San Cipriano representa un gran ejemplo de conservación comunitaria, ya que aunque las actividades económicas tradicionales se orientaban, principalmente, a la caza de animales, el aprovechamiento de especies maderables con alto valor comercial y la minería artesanal, estas fueron cambiadas drásticamente cuando el territorio ancestral fue declarado Reserva, en el año de 1979. 

Es de notar que en el sentir colectivo la conservación abarca no sólo la naturaleza (que comprende ríos cristalinos, cascadas naturales y cientos de hectáreas de selva húmeda tropical en excelente estado de conservación) sino que contiene también el mantenimiento del conocimiento ancestral, la cultura, la gastronomía y la organización comunitaria; logrando de esta manera proteger un territorio único y especial, que brinda su riqueza y abundancia a los seres humanos, pero que también -según la cosmovisión de la comunidad- sirve a fines que son superiores al entendimiento humano. 

De esta forma, la comunidad de San Cipriano asume la declaratoria de la Reserva no como una amenaza, sino como una oportunidad que ha permitido un cambio de mentalidad y ha engendrado una generación “100% nativa y 100% conservacionista”, en palabras de uno de sus líderes. 

Con optimismo y alegría se enfrentan a los obstáculos propios de la región pacífica, entre ellos la falta de vías de comunicación, que sortean a través de uno de los transportes más creativos del mundo: las “brujas”. Se trata de motocicletas que viajan a gran velocidad sobre las vías del tren y que adentran a los turistas a este territorio protegido, conservado y listo para ser disfrutado, por propios y extranjeros.

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